Temptations_of_Christ_(San_Marco) low

Las Tentaciones de Jesús – Primer Domingo de Cuaresma

Temptations_of_Christ_(San_Marco) lowEl tentador quiere que Jesús pruebe, demuestre que es Hijo de Dios, tomando un camino distinto del elegido por el Padre para la redención del mundo. Y Jesús respondió con Fe/Fidelidad a la Palabra del Padre. Cada No dado al tentador supone un claro Sí al Padre y a su Voluntad. La fidelidad de Jesús al Padre incluyó no sólo el fin sino también los medios.

Mateo introduce los 40 días de ayuno y las tentaciones al final de este período. Marcos habla de tentación en general mientras que Mateo especifica que fueron tres y las desarrolla estableciendo un claro paralelismo entre Jesús e Israel. En efecto, como trasfondo del relato de las tentaciones de Jesús están las narraciones de las pruebas de Israel durante los cuarenta años de camino por el desierto (Ex 15-17; Nm 14-20). Ante la prueba el pueblo reaccionó con la murmuración y reveló así su corazón incrédulo. Jesús, en cambio, vence las tentaciones y permanece fiel al designio del Padre, revelando su corazón de Hijo obediente.

El nombre de tentador o “diablo” (diabo,loj) significa acusador, calumniador, y encarna todo lo que obstaculiza la obra de Dios.

El tentador quiere que Jesús pruebe, demuestre que es Hijo de Dios, tomando un camino distinto del elegido por el Padre para la redención del mundo. Y Jesús respondió con Fe/Fidelidad a la Palabra del Padre. Cada No dado al tentador supone un claro al Padre y a su Voluntad. La fidelidad de Jesús al Padre incluyó no sólo el fin sino también los medios. Y de este modo quedó confirmada su verdadera identidad de Hijo de Dios. En el bautismo en el Jordán Jesús fue proclamado por Dios como su Hijo, ahora en la tentación demostró ser Hijo por su obediencia al Padre; no por los privilegios y facilismos que esto podría traerle. A la luz de todo el evangelio es claro el mensaje de que el signo de autenticidad de la filiación Divina de Jesús está en su obediencia al Padre que se manifestará más plenamente en el momento en que su debilidad y su muerte en cruz parecen desmentirla. La renuncia o despojo de sí mismo que manifiesta al vencer las tentaciones anticipan su kénosis o vaciamiento en la cruz. Su anonadamiento es una confesión de la totalidad del Padre.

Veamos ahora muy brevemente el alcance de cada una de las tres tentaciones.

La primera tentación busca que Jesús oriente su filiación en beneficio de sí mismo y no como dependencia y donación total al Padre.

Para nosotros caer en esta tentación sería colocarnos en el centro en nuestra relación con Dios, buscándolo sólo para vernos beneficiados por algo. Sería el consumismo llevado a nuestra relación con Dios; poner en primer lugar nuestras preocupaciones de cada día; hacer de la búsqueda del pan el sentido de la vida.

La segunda tentación encierra una gran presunción pues quiere obligar a Dios a intervenir; le estaría exigiendo al Padre que obedeciera a una situación de emergencia provocada por él. Es lo que justamente la Escritura denuncia como “tentar a Dios”, en cuanto querer poner a prueba su poder o su fidelidad.

Para nosotros puede ser tentación la búsqueda exclusiva de lo maravilloso y extraordinario, del milagro exigido a Dios como condición para creer en Él.

En la tercera tentación el diablo lleva al Señor, en visión, a un monte muy alto. Allí le muestra todos los reinos de la tierra y su gloria, y le ofrece el dominio del mundo. ¿No es precisamente ésa la misión del Mesías, establecer el su reinado en el mundo? ¿No debe ser Él el rey del mundo, que reunirá a toda la tierra en un gran reino de paz y de bienestar? Entonces se le sugiere a Jesús que haga alianza con los poderes de este mundo (que el evangelio considera bajo dominio de Satán) para realizar su misión.

Al respecto comenta J. Ratzinger[1]: “Su verdadero contenido se hace visible cuando constatamos cómo va adoptando siempre nueva forma a lo largo de la historia. El imperio cristiano intentó muy pronto convertir la fe en un factor político de unificación imperial. El reino de Cristo debía, pues, tomar la forma de un reino político y de su esplendor. La debilidad de la fe, la debilidad terrena de Jesucristo, debía ser sostenida por el poder político y militar. En el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe con el poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna estructura política, hay que librarla en todos los siglos. En efecto, la fusión entre la fe y el poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios”.

Para el cristiano individualmente considerado esta tentación consistiría en buscarse a sí mismo al buscar el poder y la gloria más que a Dios mismo. Se nota cuando olvidamos las exigencias de Dios para seguir las modas o costumbres de la mayoría.

En fin, creo que de algún modo el Papa Francisco se refiere a estas tentaciones en la Iglesia cuando dice: “Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo” (Mensaje de Cuaresma 2014).

 

P. Damián Nannini

 

 


[1] Jesús de Nazaret (Planeta; Buenos Aires 2007) 64-65.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on TumblrEmail this to someonePrint this page

Dejá una respuesta