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Una reflexión sobre la educación en la Argentina

Después de la huelga docente, todo sigue igual

por Estévez, Roberto, en la Revista Criterio (junio/2014)

 

Una reflexión sobre la educación en la Argentina a partir de experiencias personales y la conciencia de la grave situación institucional.

Cuando desayuné hoy con mi hija Lara, fui inmediatamente consciente de que mis actos condicionan su capacidad de libertad futura.

El hogar es la primera escuela

Lara tiene nueve años, el alimento y la estimulación que le hemos dado hasta ahora ya pesa más que su voluntad (no la determina, pero sí pesa más que ella) para concluir su capacidad de entender, de relacionar y de juzgar el modo en que le toque vivir. Sin hablar todavía de cómo lo sentirá.

Hace algunos años la mayor de mis hijas, que entonces tenía nueve años, vencía en todas las partidas de Ta Te Ti a una nena de 12 a quien conocimos en el basural de Zapala. A la falta de proteínas en la dieta se había agregado la “mamadera negra”, plena de vino tinto, con la que se combate el frío invernal.

En un país con un 25% de pobres, destinar la suma que podría significar duplicar o triplicar la asignación universal por hijo a establecer un monopolio estatal sobre el fútbol es criminal.

Pero no todo sucede desde el Gobierno, que al igual que los que le precedieron, tiene a la Administración profesional como botín electoral. En los jardines de infantes viene creciendo un trastorno generalizado del lenguaje, por el cual cada vez más niños, cuando entienden las consignas, no saben cómo expresar sus necesidades, o deseos. Son niños criados en ambientes más confortables, donde se provee calor en invierno, en tanto que la madre da el pecho “mensajeando” con el celular en la mano. El bebé fija sus ojos en la pantalla y no en los ojos de la madre, pasando del celular al televisor que sustituye la ramita con hojas o el móvil, etc.

Finalmente, los adultos que al volver a casa no encuentran pareja (cerca del 50% de viviendas de adulto único en las grandes ciudades), los que tienen miedo de volver a su casa porque no saben qué hacer, o los que llegan extenuados, “le gustaría ser capaz de renunciar a todas sus pertenencias y ganar la libertad y el tiempo que pierde en defenderlas” (según diagnóstico Serrat). No tienen más remedio que engañarse pensando que con la billetera o la tarjeta de crédito pueden compensar. Dinero que invariablemente va al negocio del exceso en el final de ese largo y esforzado camino al viaje de egresados en que se ha convertido la secundaria.

La escuela es el segundo hogar

Los educadores saben que desde hace varias décadas las escuelas se han convertido en guarderías, y que el afecto a la “guardería escolar” en tanto que guardería viene decreciendo, a pesar de lo cual uno de cada tres alumnos que ingresa al sistema proviene de hogares donde los padres no han terminado la escolaridad y nunca han trabajado.

Los educadores saben que los días en que se recuentan los alumnos para la asignación universal son, en algunas escuelas, los únicos en los que concurre la mayor parte del alumnado. Que cuatro de cada diez educadores están de licencia en el subsistema estatal y que la rotación de los directores es altísima, llegando a casos con tres o cuatro de ellos por año en la misma escuela.

Los educadores saben que en el menemismo se duplicó a valores constantes el presupuesto educativo y que en el kirchnerismo se duplicó nuevamente, pero también saben que nada de eso cambió su vida ni la de las escuelas en las que trabajan.

Los políticos saben que hay un sistema público único de educación en la Argentina, con escuelas de gestión estatal y de gestión privada, y que el alumno de la escuela de gestión privada le cuesta al Estado la cuarta parte del de las escuelas de gestión estatal, no por los maestros, sino por su mala gestión del gasto. En el Hotel Italiano de Colonia recordaban con mucho cariño a una Directora General de Escuelas que llenaba el Hotel cuando venía a pasar temporadas con sus colaboradores.

Pobreza futura

Los políticos saben que en la Argentina hay escuelas para pobres y escuelas para ricos, y también que la realidad no es tan simple como parece por el enunciado, porque hay escuelas públicas de gestión privada para pobres, y hay escuelas públicas de gestión privada para ricos; hay escuelas públicas de gestión estatal para pobres y hay escuelas públicas de gestión estatal para ricos. En los Estados Unidos están llegando a la penosa conclusión de que son las escuelas para pobres las que hacen que un barrio siga siendo pobre y no al revés.

Los políticos decidieron que en la Argentina no haya evaluaciones censales de calidad educativa. Lo cual es decidir que no haya medida del empobrecimiento futuro del país, porque mala educación equivale a pobreza futura asegurada. Este termómetro se rompió mucho antes que el del Indec y sigue sin ser reparado.

Después de la huelga docente en la provincia de Buenos Aires, con 166 o con 180 días de clase, todo sigue igual, no ha cambiado nada, ni para peor, ni para mejor. Como decía Daniel Filmus cuando no era político: “La educación argentina es como una obra de teatro, donde los docentes hacen como si enseñaran, los alumnos hacen como si aprendieran y la sociedad hace como si eso sirviera para algo”. Sabía el hombre.

El autor es Profesor titular ordinario UCA

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