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Columnas de Adviento

Domingo 1º de Adviento

Una Navidad diferente…

“Todos tenemos experiencia, en la existencia cotidiana, de tener poco tiempo para el Señor y poco tiempo también para nosotros. Se acaba por estar absorbidos por el “hacer”. ¿Acaso no es cierto que a menudo sea la actividad quien nos posee, la sociedad con sus múltiples intereses la que monopoliza nuestra atención? ¿Acaso no es cierto que dediquemos mucho tiempo a la diversión y a ocios de diverso tipo? A veces las cosas nos “atrapan”.

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos empezando, nos invita a detenernos en silencio para captar una presencia. Es una invitación a comprender que cada acontecimiento de la jornada es un gesto que Dios nos dirige, signo de la atención que tiene por cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces Dios nos hace percibir algo de su amor! ¡Tener, por así decir, un “diario interior” de este amor sería una tarea bonita y saludable para nuestra vida! El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia ¿no debería ayudarnos a ver el mundo con ojos diversos? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como “visita”, como un modo en que Él puede venir a nosotros y sernos cercano, en cada situación?” (Benedicto XVI).

¿Con qué propósitos prepararás tu corazón para esta Visita?

Ya es hora… Él está cerca.

 

 

Domingo 2º de Adviento

Una Navidad diferente… (2)

¡CONVIÉRTANSE! No se resistan…

“Hay tres tipos de resistencias escondidas. Está la resistencia de las palabras vacías, como dice el Señor en el Evangelio: No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos. O como en la parábola de los dos hijos que el Padre envía a la viña: uno dice “no” y luego va, mientras el otro dice “sí” pero no va. Decir que sí, sí a todo, muy diplomáticamente; pero es ‘no, no, no’. Mucha palabrería: Sí, sí, sí; ¡cambiaremos todo! ¡Sí!, para no cambiar nada. Es el gatopardismo espiritual: los que todo sí, pero que es todo no; es la resistencia de las palabras vacías. Luego está la resistencia de las palabras justificadoras, es decir, cuando una persona se justifica continuamente, y siempre tiene una razón para oponerse: No, eso lo hice por esto y por esto otro. Cuando hay tantas justificaciones, no está el buen olor de Dios, sino es mal olor del diablo. El cristiano no tiene que justificarse. Ya ha sido justificado por la Palabra de Dios. Se trata de la resistencia de las palabras que intentan justificar mi posición para no seguir lo que el Señor me indica. Y luego está la resistencia de las palabras acusadoras: cuando se acusa a los demás para no fijarse en uno mismo, para no ver la necesidad de conversión, y así se resiste a la gracia como pone en evidencia la Parábola del fariseo y del publicano” (Francisco)

El proyecto de Dios ¿es para vos verdadero motivo de esperanza y transformación?

¿Qué aspecto, dimensión, pensamiento, actitud, está reclamando una conversión más profunda?

 

 

Domingo 3º de Adviento

Una Navidad diferente… (3)

LA ALEGRÍA SE HACE MISIÓN

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

 “Este es el tiempo de la misericordia. Cada día de nuestra vida está marcado por la presencia de Dios, que guía nuestros pasos con el poder de la gracia que el Espíritu infunde en el corazón para plasmarlo y hacerlo capaz de amar. Es el tiempo de la misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura. Es el tiempo de la misericordia, para que los débiles e indefensos, los que están lejos y solos sientan la presencia de hermanos y hermanas que los sostienen en sus necesidades. Es el tiempo de la misericordia, para que los pobres sientan la mirada de respeto y atención de aquellos que, venciendo la indiferencia, han descubierto lo que es fundamental en la vida. Es el tiempo de la misericordia, para que cada pecador no deje de pedir perdón y de sentir la mano del Padre que acoge y abraza siempre” (MM 21).

Misionar en Adviento

¿De que necesitas ser liberado, sanado, para que renazca en vos la alegría? Pedíselo al Señor.

¿Con qué gestos concretos, palabras, actitudes podés ser instrumento de misericordia y causa de alegría para los demás?

 

 

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